
...En la noche me siento libre, libre de volar...
Quiero ser como el búho que pasa la madrugada
observando desde la rama...
[//Era la canción favorita de Lucía, se dormía mientras el abuelo la cantaba.]
Ella era una niña felíz, una niña de los noventa que soñaba con convertirse en mil cosas cuando fuera mayor. El era un señor de 80 años que en los surcos de su piel reflejaba la sabiduria de los años, y la ternura del cariñoso abuelo.
Sus manos estaban pintadas por un pincel mágico, y las alzaba siempre al viento en ademán de abrazo al divisar a la niña de sus ojos, a Lucía, la hija de su hijo menor, el tesoro de su tesoro, a la que nunca le negó la sonrisa y la comprensión.
Caminaban juntos todas las tardes a divisar como se iba el sol a dormir, y asi le contaba el abuelo a Lucía como poco a poco la luna se abría paso para poder observar a todos los niños pequeños cuando duermen, y poder cuidar de sus sueños.
-Abuelo, ¿por qué llueve? -Abuelo ¿existen las brujas? -Abuelo ¿tú siempre vas a estar aqui?
-Abuelo, te quiero... -Yo más que a nada en el mundo mi currililla...
Pasaron los años, Lucía creció con los cuentos de su abuelo, con sus historias de una España marcada, marcada también en los ojos de aquel hombre, que sabía muy bien lo que era volver a empezar partiendo de la nada, de la miseria y de las injusticias...
Lucía creció con la sonrisa regalada cada día, con la ya torpe mirada de su abuelo, de aquel abuelo que le había enseñado unos valores, que le había mostrado la vida, que la había ayudado a crecer y a malcriarse también...
Ya todos veían como aquel robusto arbol menguaba, como aquel ser bendito ya no era lo que fue, ya todos veían acercarse el fin...todos...menos ella.
Lucía tenía quince años, edad dificil para comprender, para entender por qué lo que mas quería ya no estaba. Se encerró en sí misma, intentando encontrar salida donde no había...
-¿Por qué?¡si te dejastes tantas historias que contarme! -¿Por qué? si aún necesito que me abraces... -¿Por qué? si no me enseñaste a seguir sin ti, si no me advertiste de tu marcha...
Hoy Lucía se mira al espejo e intenta recordar como él le lavaba las manitas cuando venía de jugar, y siempre jugaban al mismo juego ñoño...esta la toalla de las...MANOS!!! esta la toalla de la...CARA!!! era divertido, era él...
Hoy le agradece a la vida haberle conocido, porque él si era una celebridad,porque él siempre la aceptó y quiso como era, porque siempre le dijo que unos de los mejores amigos era el libro, que un libro siempre te ayuda, que cuando se sintiera sola acudiera a los libros, ahí, en cada cuento, en cada historia, en cada poema...ahí estaría él.
Siempre te quise y nunca dejaré de hacerlo, y Lucía lo repite mientras pasea por los naranjos por los que el paseaba cantando...
El fue el grillo que entonaba melodías, fue el emigrante español que luchó por un futuro mejor, fue el hombre enamorado que regresó a por su amada, fue el hombre justo y tranquilo que a todo le encontraba el lado bueno, se llamaba José...y él fue mi abuelo.
A tí, alma que me cuidas y sonríes desde aquel olivo...
*Reinna*2008


